Luego de casi cuatro décadas prisionero, López Rivera es libre y Cuba celebra su victoria. “Vengo a luchar y a trabajar”, patentizó en Puerto Rico.

67930-fotografia-gDespués de la hora cero se escuchó por vía telefónica: «¡Aló!… ¿Se oye? Yo te oigo ¿Tú me oyes?». Era Fernando González Llort tratando de comunicarse con Oscar López Rivera. Mientras, la audiencia presente en la terraza del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), esperaba impaciente por escuchar la voz del independentista liberado.

Fernando González, presidente del Icap, conversó con López Rivera por teléfono durante la velada que celebró la liberación del patriota puertorriqueño. 

Este miércoles terminó la dilatada condena en virtud de la conmutación que le concediera en enero el expresidente de Estados Unidos Barack Obama.

Ahora la agenda de López está muy llena. ¡Hay tantas cosas por hacer después de 35 años, ocho meses y 97 días prisionero! Lo primero sería ver a los suyos, compartir con el pueblo borinqueño y reencontrarse pronto con el mar.

Sin embargo, levantar el teléfono y responder al pueblo cubano no le tomó mucho de ese tiempo que ahora debe aprovechar a sus 74 años.

Fernando, Héroe de la República de Cuba y presidente del ICAP, lideró la velada donde estuvieron presentes miembros de entidades cubanas, estudiantes del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) y coterráneos del excarcelado, para festejar el suceso.

El delegado de la Misión de Puerto Rico en la Isla, Edwin González Vázquez, agradeció el papel de Cuba en la gestión de la causa, y del ICAP. También manifestó su preocupación por el devenir en la nación puertorriqueña: «Aunque Oscar encuentre un desastre en la colonia, crisis económicas, nuevas medidas tomadas… ese es Puerto Rico y hay que seguir luchando por su independencia».

En la conversación con López Rivera, Fernando lo felicitó por el triunfo, rememoró los momentos en que ambos estuvieron prisioneros juntos, y también le recordó que Cuba lo estará esperando en noviembre, en esa misma terraza.

El trovador Reinier Valdés amenizó el encuentro con la interpretación de Regresaré, de la autoría de Antonio Guerrero y concluyó su intervención diciendo que «La libertad no se ama tanto como cuando una vez ha sido perdida».

Incólume

67927-fotografia-gA esa hora, en efecto, el patriota independentista ratificaba su vocación de seguir en combate.  «Vengo a luchar y a trabajar, que son las dos cosas que sé y me gusta hacer», declaró a los periodistas en rueda de prensa frente a ese mar que tanto añoraba ver, en la playa El Escambrón.

«Puedo afirmar que mi espíritu, mi honor y mi dignidad están incólumes, que me siento “vivito y coleando” y listo para emprender mi nueva peregrinación», dijo, y anunció su propósito de visitar los 78 municipios (de Puerto Rico). «Hablar con la gente, dialogar, compartir ideas, escuchar a la gente».

La gente lo esperó en las calles cuando traspasó el umbral de la casa de su hija Clarisa, donde cumplió la prisión domiciliaria que medió entre la conmutación de la pena y esta libertad plena. Y de la multitud salían las manos que le obsequiaban con flores rojas y margaritas blancas y amarillas, describió el sitio web de El Nuevo Día.

67928-fotografia-gLa cálida y festiva recepción en las calles incluyó a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, en huelga, para quienes después López Rivera tuvo palabras de respaldo, y los que saludaron su paso con canciones como Amanecer borincano, interpretada desde la calle.

Algunos de los que estaban en la vía cuando culminó el desayuno que inauguró sus actividades como un hombre libre, acompañaron al artista Benito De Jesús en su interpretación del himno nacional de los independentistas, La Borinqueña, con la letra revolucionaria de Lola Rodríguez de Tió (1843-1924), cuyos restos descansan en el cementerio de La Habana.

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz; el congresista Luis Gutiérrez; la presidenta del Consejo de la Ciudad de Nueva York, Melissa Mark-Viverito, y la abogada Jan Susler, defensora legal de los presos políticos puertorriqueños de esa generación, estaban entre quienes le acompañaron durante el desayuno y en su primer paseo por su tierra.

Vestía de negro y se le veía juvenil y vigoroso en sus 74 años, y a pesar de las vicisitudes de más de tres décadas y media en cárceles de Estados Unidos, y de ese tiempo, 12 años en solitario.

Este jueves viaja a Chicago, adonde llegó adolescente y se formó como líder comunitario antes de convertirse en un luchador por la independencia de Puerto Rico. Es lo que Oscar López Rivera sigue siendo hoy.