En un contexto mundial en el que la globalización se erige como un pretexto para vulnerar la capacidad de las naciones de tomar decisiones políticas y económicas fundamentales, vulnerando la libertad e independencia de un país; la soberanía debe erigirse con supremacía dentro y fuera de las fronteras para reclamar y exigir igualdad en las relaciones con otros países.

* Omar Velázquez Ruiz

* Omar Velázquez Ruiz

México transita por tiempos en los que el concepto de soberanía debe fortalecer en sus habitantes un sentido de identidad común, una identidad sociocultural propia que vele, en unidad, por la protección del patrimonio nacional y, por otra parte, demande a los demás países un trato igual.

Por ello, ante el discurso beligerante, veleidoso y volátil del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que hace parecer que la soberanía nacional ha entrado en crisis ante el contexto de una sociedad mundial que impide resolver adecuadamente los problemas globales; el gobierno mexicano y su pueblo, las instituciones, los representantes populares y gremiales, estamos llamados a estrechar lazos de unidad y solidaridad, en defensa frontal de su economía, de la paz social, de los derechos humanos, de su autonomía, de la libertad y la fraternidad.

Es en esta coyuntura en la que deben desterrarse las ideas regionalistas o universalistas sobre la potestad y la responsabilidad global, en donde haya quien asuma posturas absolutas sobre el destino de otras naciones.

Por desafiante que parezca, México tiene ante sí una oportunidad histórica para encarar los amagos y embates del gobierno estadounidense que buscan mermar su economía y, sobre todo su soberanía. Es el momento para que pueda aprovechar el potencial que implica la globalización y, con base en ello, lograr los mejores acuerdos, en igualdad de condiciones y circunstancias, con otros países de la región latinoamericana, de Asia y de Europa.

Si conceptualmente, “la soberanía es la voluntad política que posee un pueblo con derecho a tomar decisiones para determinarse, manifestarse y gobernarse con independencia de poderes externos”, hoy la soberanía, entendida como Poder del Estado, adquiere un valor ético, político, económico, social y cultural poderoso para México.

En el marco de la conmemoración del centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, legado de la Independencia de México y de la Revolución Mexicana, donde está consagrada la soberanía nacional y los derechos fundamentales de la Nación, resulta fundamental recuperar y honrar todos esos valores que permitan a las mujeres y hombres de nuestro país, reencontrarse en la unidad, para hacer frente a los retos y desafíos que suponen las grandes transformaciones provenientes del interior y desde el exterior.

El filósofo Ernest Renán decía que: “una Nación es un alma, un principio espiritual en el pasado, una herencia de glorias y de pesares qué compartir en el porvenir, un mismo programa a realizar, es pues, una gran solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los que se está dispuesto a hacer”.

Defendamos entonces nuestra Nación, en unidad, en solidaridad, con sacrificios y trabajo, cada quien cumpliendo con su misión, con sus objetivos y sus metas, defendiendo nuestros derechos humanos, laborales, económicos, políticos y sociales. Reencontrándonos ante la adversidad y reconociéndonos en el espejo de la soberanía para robustecer nuestra autodeterminación política, nuestra identidad sociocultural y, principalmente, protegiendo nuestro patrimonio nacional: a las y a los mexicanos.

(*) Vicepresidente 2do. de la CLATE y actual diputado mexicano.