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Luego de 36 años de injusta condena, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama concedió este martes el perdón al luchador independentista puertorriqueño  Óscar López Rivera y conmutó su condena, lo cual se hará efectivo  el próximo 17 de mayo.

La noticia fue dada a conocer por la Casa Blanca apenas tres días antes de que asuma el nuevo presidente electo Donald Trump y unas semanas después de que el  reo cumpliera los 74 años, casi la mitad de ellos en prisión.

López Rivera se encuentra en la prisión de Terre Haute, en el estado de Indiana desde 1998, después de haber pasado por otras prisiones estadounidenses.

El también conocido como “Mandela latinoamericano”, por los largos años de martirio, había rechazado un indulto anterior ofrecido por Bill Clinton en 1999, pues la oferta presidencial no incluía a todos sus compañeros y ponía como condición cumplir 10 años más en la prisión con buen comportamiento: “Mi experiencia había sido fatal los primeros 18 años en la cárcel y pensaba que sería imposible salir con buen comportamiento después de todo lo que me habían hecho”, declaró entonces.

El 18 de junio de 2012, el Comité de Descolonización de la ONU había aprobado una resolución promovida por Cuba, similar a la que había presentado en los últimos 30 años, donde pedía el reconocimiento al derecho de Puerto Rico a la independencia y autodeterminación, e instaba a la liberación de los independentistas prisioneros en Estados Unidos, la cual contó con el apoyo de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, y fue adoptada por consenso aunque el gobierno de EE.UU. hizo caso omiso.

Oscar López Rivera nació en 1943 en Puerto Rico. Fue veterano en la Guerra de Vietnam defendiendo la bandera de EE.UU. Por sus actos recibió una medalla y tras regresar a Chicago, lugar de residencia de su familia, se integró a la lucha y defensa de los derechos de los puertorriqueños.

Como parte de sus intentos para mejorar las condiciones de la comunidad donde ejercía su liderazgo, Oscar participó en actos de desobediencia civil y de militancia pacífica. En 1976 asumió el camino de la lucha armada y se integró a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

En 1981 fue capturado por el Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés). Se le acusó de “conspiración sediciosa” y en su condición de miembro de las FALN reclamó que se le tratara como “prisionero de guerra”, amparado en el Protocolo I de la Convención de Ginebra de 1949,  el cual reconoce tal condición en caso de personas detenidas en conflictos y luchas contra la ocupación colonial.

De acuerdo con el protocolo, un prisionero de guerra no puede ser juzgado como un criminal común, mucho menos si la causa de tal procedimiento descansa en actos relacionados con su participación en una lucha anticolonial.

Pero el reclamo fue sistemáticamente ignorado por el Gobierno de EE.UU. y se le condenó a 55 años de prisión federal. En la cárcel esta pena se multiplicó hasta 70 años, pues en 1988 fue implicado en un intento de fuga que el condenado, los abogados y los hechos denunciaron como un acto fabricado para acrecentar el castigo. Tal sentencia se cumpliría solo en el 2023, cuando Oscar tuviera 80 años.

Finalmente Oscar López Rivera cumplió 36 años de prisión, 12 de ellos en  aislamiento total.

La pasada semana unas 200 personas participaron de un acto de solidaridad en  Washington (otro más) donde se pedía al presidente a Obama que tuviera clemencia con López Rivera y le indultara. Ese día entregaron en la  Casa Blanca varias las cajas con 105 mil firmas de personas que se sumaban a esta solicitud, a las cuales habría que adicionar  otras 108 mil registradas en la página web “We The People”.

Entre los firmantes y defensores de Oscar se encuentran figuras públicas como los gobernadores, saliente y entrante, de Puerto Rico, Alejandro García Padilla y Ricardo Rosselló; el cantante  Ricky Martin; los músicos de la agrupación urbana Calle 13, y el expresidente estadounidense Jimmy Carter.

Durante sus dos mandatos, Obama había conmutado las condenas de mil 176 personas, incluyendo 395 penas a cadena perpetua, con lo que ha sumado más perdones de este tipo que los 11 presidentes anteriores juntos, de acuerdo con la Casa Blanca. No obstante muchos piensan que Oscar merecía estar en esas cifras mucho antes.