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Pasado mañana, en la tórrida Barranquilla, se cierra el año competitivo para el seleccionado argentino. Fueron doce meses que trajeron los primeros dos torneos oficiales para Gerardo Martino: la Copa América y las eliminatorias. En Chile, el sinsabor de la final fue un peso que aplastó las ilusiones que iban en aumento. Una frustración que tuvo la carga de lo inesperado. Camino a Rusia 2018, las expectativas van a paso lento. Aquí, diez puntos para repasar una actualidad que en Colombia echará luz sobre lo que puede deparar el futuro.

1. ¿Martino se juega la continuidad en Barranquilla?

Por lo pronto, el entrenador no desconoce una realidad. “Estamos obligados a salir a ganar en Colombia”, expresó. Los números son deficitarios. Ver a la Argentina penúltima, con solo dos puntos, inquieta, pero no debería dar lugar al pánico o el tremendismo. No se está ante ninguna situación límite en cuanto a los resultados. No hay puntos que se pierdan ahora que no se puedan recuperar más adelante para que el seleccionado se reacomode en la clasificación. Lo peor sería que el estancamiento derive de la imposibilidad de que el equipo se afirme en su idea de juego, de que no muestre una identidad, un plan reconocible. Esa concesión Martino no se la permitiría, aún sabiendo que en Barranquilla podría refugiarse en varios atenuantes: la ausencia de Messi y de otros titulares importantes, y el día de descanso que le quitó la suspensión del jueves para soportar mejor el agobio tropical que le espera en Barranquilla.

2. ¿Cuál es la posición de la AFA?

En Viamonte todavía gobierna el presidente que contrató a Martino hace poco más de un año: Luis Segura. “Pensar que Martino no puede seguir por dos partidos sería un despropósito. Las dudas surgen de la gente, del periodismo”, expresó el dirigente que se postula para seguir dirigiendo la AFA, donde la alta temperatura política deja un poco en el segundo plano al seleccionado. Del lado de Marcelo Tinelli no sólo nunca se escuchó un fuerte pronunciamiento a favor de Martino, sino que desde su entorno hicieron saber su preferencia por otro tipo de entrenador. De todas maneras, el fortalecimiento del Tata pasa por el progreso y la evolución de su propia gestión. De ocurrir eso, los francotiradores saldrán de escena.

3. Volver al ciclo mundialista.

Desde que Marcelo Bielsa reemplazó a Daniel Passarella y completó el cuatrienio mundialista de 1998 a 2002, ningún entrenador abarcó ese período necesario para desarrollar un proyecto. Las interrupciones obedecieron a diferentes motivos. Bielsa acusó “falta de energía” y renunció en 2004, poco después de obtener la medalla olímpica en Atenas y dejar encarrilado al seleccionado en las eliminatorias tras un triunfo en Lima ante Perú. José Pekerman tomó la posta hasta el Mundial 2006. Vino Basile, que a los dos años dimitió tras una derrota por las eliminatorias frente al Chile de Bielsa. Fue el turno de Maradona, que llegó al Mundial 2010. Quería renovar el contrato, pero Grondona lo ignoró y fue por Sergio Batista, que no pasó el filtro de la Copa América 2011. Lo sucedió Sabella, que fue finalista en el Mundial 2014 y desechó la oferta dirigencial de seguir. Así se llega hasta Martino, que asumió con el Mundial de Rusia en el horizonte, aunque los técnicos del seleccionado últimamente también se ven afectados por la volatilidad que es moneda corriente en los clubes.

4. ¿Cuál es el ánimo del plantel?

No es el mejor, como consecuencia directa de la falta de resultados positivos. La confianza se resiente y donde antes había certezas surgen dudas. De cualquier manera, no es una situación inmanejable. En el plantel sobran fubolistas de amplia experiencia, muy curtidos en los clubes y el seleccionado. A ellos les corresponde emerger del desaliento. Para eso hacen falta la ilusión y la motivación de seguir perteneciendo al seleccionado. La veteranía puede expresarse como un liderazgo positivo o también como un síntoma de desgaste.

5. El enorme vacío de Messi.

La lesión de Leo le impuso a la Argentina el durísimo aprendizaje de ganarse el pan sin él. Su ausencia ayuda a valorarlo más que cuando se pone la camiseta N° 10. Messi, en la cancha y con la pelota, lleva a imaginar a los demás que el fútbol es sencillo y está desprovisto de complejidades. Y el seleccionado debió adaptarse a esta nueva y dura realidad. Lo hizo de manera progresiva y mejorando la nota en cada partido. Porque desde Ecuador, pasando por Paraguay y hasta llegar a Brasil, el equipo fue creciendo en su rendimiento. No se entregó a la añoranza de no tener a Leo; mostró rebeldía y afán de superación.

6. La aparición de Funes Mori.

Martino tiene desde hace rato una alta consideración por Funes Mori. Le valora su fortaleza como zaguero y la personalidad para no cohibirse ante ningún desafío. La baja de Garay en los últimos dos encuentros le abrió el hueco para incluir al ex River, que se complementó bien con Otamendi y estuvo a la altura de la exigencia. Resolutivo en la marca, aportó otro atributo indispensable para el estilo del equipo: da salida y rompe líneas desde el fondo para crear superioridad numérica.

7. Los cambios que no modifican mucho.

Son pocos los partidos que Martino ganó desde el banco. Muchas veces se demoró con los cambios o no acertó con el relevo. En los tres partidos de las eliminatorias, los ingresados no alteraron la ecuación. Recurrió a Tevez y Lavezzi (ante Ecuador), y contra Paraguay y Brasil repitió a Lamela, Dybala y Gaitán. Ningunó se acomodó rápidamente y potenció al equipo. Correa no había desentonado de titular ante Ecuador, por lo cual sorprende un poco que no haya tenido más minutos.

8. Volantes que pisen el área.

Es lo que le está faltando a la Argentina. Cuando lo consiguió, Banega pudo definir el clásico frente a Brasil. Es un factor sorpresa para intercalar en un equipo que muchas veces se repite en los centros.

9. Aprovechar la actualidad.

Es cierto que en cada convocatoria no se puede armar un nuevo seleccionado, que debe haber una base, pero también se debe atender la coyuntura, el momento. Marco Ruben pudo ser una alternativa ante la plaga de lesiones en la delantera. Y Augusto Fernández, de muy presente en Celta, calzaría en el perfil de volante que le gusta a Martino.

10. Barranquilla como síntoma.

Hace cuatro años, el ciclo de Sabella resurgió al revertir en el segundo tiempo una derrota. Lo hizo al incluir a Agüero como socio de Messi. Ahora no está ninguno de los dos. Otros tienen la responsabilidad de no dejarles una emergencia para 2016