Un organismo clave en la autorización de transgénicos está dominado por las empresas del agro y por científicos vinculados al sector privado. Monsanto, Syngenta, Ledesma y Dow AgroSciences, entre otras corporaciones, se ubican a ambos lados del mostrador. Los conflictos de intereses y el Estado cómplice.

agronegocios jpgLas multinacionales Monsanto, Bayer, Syngenta y Dow son algunas de las empresas que tienen injerencia en la aprobación de los transgénicos que esas mismas empresas impulsan.
Se trata de la Conabia (Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria), donde también participan empresas “nacionales” (Biosidus y Don Mario) y las cámaras empresarias.

También figuran “investigadores independientes”, pero con claras vinculaciones con empresas. El Gobierno y las compañías publicitan la Conabia como un “espacio pionero con un marco regulatorio sólido y de base científica”. De los 47 integrantes, más de la mitad (27) pertenecen a las empresas o tienen clara vinculación con las mismas firmas que deben evaluar.
Conflictos de intereses, y complicidades, en la aprobación de transgénicos en Argentina.

Conabia

La Conabia funciona desde 1991, depende del Ministerio de Agricultura y actúa en tándem con la Dirección de Biotecnología (del mismo ministerio). Tienen como objetivo “garantizar la bioseguridad del agro ecosistema”. Según la propia información oficial, la Conabia “analiza y evalúa las solicitudes presentadas para desarrollar actividades con OGM (organismos genéticamente modificados: transgénicos).
En base a información científico-técnica y a datos cuantitativos respecto de la bioseguridad del OGM la Comisión emite un dictamen” para la continuación o rechazo del pedido empresario.

La Conabia reconoce que cuenta con representantes del sector público y privado y los denomina “expertos”. La Conabia aclara en su página de internet que “los miembros deben expresar cualquier tipo de conflicto de interés que pudiera surgir en la evaluación de las solicitudes presentadas. Esto es imprescindible para garantizar la transparencia e imparcialidad de los dictámenes”.

Integrantes

Son dos hojas A4.Una lista de nombres, apellidos y pertenencia institucional. Aunque son integrantes de un espacio oficial, la información no provino de ninguna oficina de gobierno (que esconde los nombres), sino del sector privado. En la lista figuran 47 personas. De ellas depende, en gran medida, la aprobación de transgénicos en Argentina.
Y, paradoja, 27 de ellas son de las mismas empresas que impulsan el modelo transgénico o de científicos con estrechos lazos con las mismas empresas.
También hay 12 técnicos y funcionarios del Senasa (Servicio de Sanidad y Calidad Agroalimentaria), INASE (Instituto Nacional de Semillas), INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria). Todos espacios con frondosos antecedentes de colaboración con el sector privado y transgénico.

Monsanto y Syngenta

Miguel Álvarez Arancedo es ingeniero agrónomo recibido en la UBA.
Participa en la Conabia como parte de CASAFE (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes). Su lugar de trabajo real es Maipú 1210, la oficina central de Monsanto en Argentina. Arancedo es desde 2004 el director de Asuntos Regulatorios de la principal multinacional transgénica del mundo y también es vicepresidente de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA, espacio de articulación y lobby político de las multinacionales y empresas locales).

Juan Kiekebusch está inscrito en Conabia como miembro de ASA. Lo cual es cierto. Pero también es director del Comité Ejecutivo de Syngenta, una de las mayores corporaciones del agro. En el Biotech Forum (publicitado como el “primer foro internacional del negocio de la biotecnología”1), Kiekebusch reclamó acelerar los tiempos de aprobación de transgénicos: “Un avance biotecnológico que en Japón tarda un año y medio en ser aprobado, aquí y en Europa lleva cinco años”. Animales transgénicos Biosidus es una empresa de referencia en la clonación de animales o, también llamados, “animales transgénicos”. Con más de tres décadas en el mercado, se autodefine como “una compañía de biotecnología argentina que ha desarrollado un negocio global en el suministro de biofármacos de alta calidad en territorios de Asia, África, Europa del Este y América Latina”. Señala que ha desarrollado “novedosas plataformas tecnológicas en animales transgénicos, terapia génica y biodiversidad” y se ufana de contar con una” sólida política de propiedad intelectual”.

Uno de sus más publicitados trabajos fue “la primera vaca clonada”, en 2002, bautizada Pampa. En esa iniciativa participó Lino Barañao y siempre fue público su trabajo y cercanía con Biosidus(es curioso que en su CV no aparezca su desempeño en la empresa biotecnológica).
Andrés Bercovich es bioquímico de la UBA, desde hace 23 años trabaja en Biosidus (desde 2008 es gerente de Investigación y Desarrollo) y también tiene una silla en la Conabia. Bercovich estuvo a cargo del proyecto de los clonados terneros llamados “Patagonia I, II, III y IV”, publicitados como material genético para obtener insulina humana. La publicidad empresaria prometía que con 2500 vacas similares se podría abastecer de insulina a todo el mundo.

“Los argentinos somos muy abiertos a todo lo nuevo en tecnología. No es un país miedoso”2, afirmaba el científico en una entrevista publica y daba un ejemplo: “La soja transgénica tiene una trascendencia económica enorme para el país. Y aquí en la Argentina la mayor parte de los cultivos son de plantas transgénicas y nadie tiene problemas en consumirla ni cultivarlas. Hay una historia, una apertura mental. La biotecnología trae soluciones trascendentales, como en el caso de la sota o de los biofármacos”.
En 2010, formó parte del equipo que clonó el “primer caballo en Latinoamérica”, llamado “Ñandubay Bicentenario”.

También participó Daniel Salamone, también con nexos con Biosidus e integrante de Conabia.

Caña transgénica

Atilio Castagnaro es referente de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (INTA Tucumán).

En 2011 formó parte de un equipo de científicos del MERCOSUR que creó un robot que busca las plantas de soja más aptas para resistir la sequía. “Un gran resultado de este proyecto es el haber sido capaces de construir un robot o plataforma automática para la evaluación masiva de genotipos de soja, respecto de su capacidad de tolerar el déficit hídrico o sequía”, dijo Castagnaro.

En el grupo de trabajo (y patentamiento) participaron dos empresas: Nidera (una de las grandes multinacionales del agro) e Indear (Instituto de Agro biotecnología de Rosario), espacio de referencia en cuanto al impulso de los transgénicos. Indear, a su vez, pertenece a la empresa Bioceres, donde están presentes Gustavo Grobocopatel (unos de los mayores pooles de siembra del continente) y Víctor Trucco (presidente honorario de Aapresid). Castagnaro es un férreo impulsor de la caña de azúcar transgénica para agro combustibles (iniciativa muy cuestionada por movimientos campesinos y organizaciones sociales por sus efectos sociales y ambientales). “El objetivo con las cañas transgénicas fue hacer más eficiente y sostenible la producción.

Dar sustentabilidad económica, social y ambiental y dar un impulso a un cultivo que es clave para producir biocombustibles”, resumió Atilio Castagnaro en una charla en el Congreso de Aapresid en 2013, en Rosario, y propuso que el50por ciento de la matriz energética de Argentina sea en base agro combustibles.

Precisó que existen las tradicionales regiones azucareras de Tucumán, salta y Jujuy, con550milhectáreas de producción. “Hay un potencial de crecimiento de área cercano a los 4,4millones de hectáreas”, aseguró y detalló la expansión de la frontera agrícola de la caña de azúcar transgénica sobre Misiones y norte de Santa Fe. Junto a Castagnaro trabaja BjornWelin, también parte de la Conabia.

Ingenio Ledesma

Ricardo Fernández de Ullivarri figura como participante de la Conabia por la Chacra Experimental Agrícola Santa Rosa (Salta). La Chacra es el “instituto de investigación” del Ingenio Ledesma e integra también la ASA (Asociación Semilleros Argentinos, donde están todas las grandes empresas internacionales).

“El objetivo principal (de la Chacra) es crear variedades que mejoren la productividad, competitividad y rentabilidad de los ingenios del norte argentino”, remarca la presentación de la empresa.

Fernández de Ulibarri es un impulsor de los organismos genéticamente modificados. “Ya tenemos nuestras propias cañas transgénicas, pero aún no las sacamos comercialmente. En todo el mundo se está trabajando sobre eso, pero nadie aún se animó a cultivarlas comercialmente por los prejuicios que hay. Lo más lento es toda la burocracia relacionada a las normas de bioseguridad y legales, no la investigación en sí”, se quejó Ullivarri en 20073.

Y tomó postura sobre los que critican a los OGM: “Hay que trabajar con empresas y consumidores en lo que es imagen, porque hay muchos prejuicios sobre los transgénicos entre la gente”.

Cuadro de Monsanto

Hugo Permingeat figura en Conabia como “Investigador Científico de la Facultad de Ciencias Agrarias de Rosario”. Hugo Permingeat, como secretario general de la Facultad y junto a la decana Liliana Ramírez, justificó abiertamente la incidencia privada en la universidad pública: “Monsanto forma sus cuadros aquí. Son ingenieros agrónomos a los que les brinda la capacitación de posgrado y Monsanto valora esa capacitación que brindamos”4.

Fue la forma de justificar que Monsanto, Pioneer y Syngenta hayan “donado” un laboratorio de biotecnología a la Facultad y equipamiento por 300 mil dólares. “Antes no teníamos nada, así que en verdad es nuestro orgullo. Cuando golpeamos la puerta (de Monsanto) para que nos ayuden, no tienen miramientos y nos ayudan a hacer cosas como el laboratorio”.

Permingeat, como parte de Conabia, debe autorizar o rechazar pedidos de Monsanto.

¿Ecologista?

Diego Ferraro es ingeniero agrónomo e integra la Conabia como representante de la Asociación Argentina de Ecología (AAE). Curioso es que nadie dentro del mundo socio ambiental, asambleas, ONG y académicos conozca a la AAE.

La dirección postal de la Asociación de Ecología es Av. San Martín 4453, de la ciudad de Buenos Aires. Es la misma dirección de la Facultad de Agronomía de la UBA y, también, la dirección del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas (IFEVA), un espacio de estudio con explícita vinculación a las empresas del agro y ferviente defensor del modelo de agro negocios.

El director del IFEVA es Claudio Ghersa, un reconocido impulsor de los transgénicos y con publicaciones científicas junto a Monsanto. Diego Ferraro trabaja en el Ifeva junto a Ghersa, y tienen media decena de publicaciones científicas en coautoría.

Ante el avance de las malezas resistentes a agroquímicos (uno de los grandes problemas irresueltos del agro negocios), en febrero de 2014 se relanzó la Asociación Argentina de la Ciencia de las Malezas (ASACIM). Entre otros, la integran Ghersa y Ferraro. Y también participan las empresas. Entre otras: Aacrea y Aapresid.

ILSI, Monsanto, Bayer…

María Fernanda Foresto figura como integrante de la Conabia como referente por la Chacra Experimental Agrícola Santa Rosa (del Ingenio Ledesma). Pero hay otro conflicto de intereses. Foresto integra el Comité de Biotecnología de ILSI (Instituto Internacional de Ciencias de la Vida), uno de los grandes centros internacionales de lobby científico en favor de los transgénicos.

El ILSI está auspiciado y financiado por Monsanto, Dow Agrosciences, Bayer y Syngenta.

INTA

Dalia Marcela Lewi es parte del instituto de Genética del INTA y forma parte de la Conabia. En el libro “Biotecnología y mejoramiento vegetal II”, Capítulo X, escribe un texto académico titulado “Aplicaciones de la biotecnología en el control de insectos”. Remarca los beneficios de los transgénicos en el control biológico, reducción de plaguicidas, aumento del rendimiento y, como si fuera poco, también remarca el menor uso de agua.

Lewi firma el artículo en coautoría con Clara Rubinstein, de Monsanto Argentina.

También investigó, junto a la empresa Bioceres (otras de las referentes del agro negocios), la resistencia del maíz transgénico al frío y a la salinidad.

Lewi también forma parte del Comité de Biotecnología de ILSI, junto a investigadores de Monsanto, Syngenta, Bayer y Dow Agrosciences.

Popurrí

Teresita Martín figura como parte de Conabia en representación del Foro Argentino de Biotecnología. No específica que es referente de la empresa DuPont Pioneer. En Conabia también participan (y deciden) Luis Negruchi (Aapresid) y Alejandro Petek (Aapresid).

Guillermo Mentruyt firma como integrante de ASA (Semilleros), no aclara que es gerente de Asuntos Regulatorios de Dow AgroSciences.

La bióloga Magdalena Sosa Beláustegui aparece como parte de Casafe. También es, desde 2004, parte de la multinacional Bayer. En su CV resalta que en 2013 recibió el “Premio Bayer a la Innovación en Asuntos Regulatorios”.

Fernando Bravo Almonacid (Conicet) es investigador “independiente del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi-UBA) y trabaja en la mejora genética de la papa. Luego de seis años de trabajo, en 2013 logró una nueva variedad, que sería más resistente a los virus del campo. Todo lo referido a la aprobación en Conabia quedó a cargo de la empresa Tecnoplant (del Grupo Sidus). Almonacid también forma parte de Conabia.

Cómo “observadores” de la Conabia figuran dos integrantes de la Cámara Argentina de Biotecnología). Gerónimo Watson (desde hace nueve años con el cargo de “líder en desarrollo” de la empresa Indear) y Mirta Antongiovanni (gerente de Asuntos Regulatorios de la semillera Don Mario).

UBA S.A.

Eduardo Pagano es agrónomo, doctor en ciencias biológicas y fue, hasta marzo pasado, vicedecano de la Facultad de Agronomía de la UBA. También integra la Conabia y es profesor a cargo de la Cátedra de Bioquímica de Agronomía de la UBA. Desde esa cátedra, trabaja junto a la semillera Don Mario (una de las grandes empresas argentinas del sector) en cultivos de trigo y soja. “Elegimos vincularnos con Don Mario porque es una empresa nacional que apuesta a la formación de recursos humanos y porque esta relación nos ofrece una posibilidad concreta de trasferir el conocimiento que generamos y de llegar con nuestras investigaciones al medio productivo”, afirmó Eduardo Pagano5.

Paga no fue más allá y celebró que estudiantes de la UBA hagan sus tesis en la empresa Don Mario: “En nuestra cátedra participan estudiantes que recién comienzan a cursar, así como otros que están haciendo su trabajo de intensificación para finalizarla carrera, o realizan maestrías, doctorados y pos doctorados. El hecho de que haya investigadores instalados en una  empresa haciendo su posgrado es novedoso en el sistema científico argentino”.

Pagano nunca expresó conflictos de intereses para aprobar transgénicos en Conabia.