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Así se expresó el diputado nacional sobre el pago que Argentina le hará a Repsol por la expropiación de YPF.

“Rechazamos y repudiamos este Acuerdo porque no vemos que se hayan defendido los intereses nacionales, porque supone un aumento innecesario de la deuda pública argentina y porque supone un paso más en la pérdida de soberanía energética, estamos votando un premio para una empresa que vació YPF y que depredó el recurso petrolero y gasífero de la Argentina”, resumió el presidente de nuestro bloque, Claudio Lozano, el rechazo de la Unidad Popular al convenio con Repsol por la expropiación de YPF.

El economista de la CTA aseguró que “se reconocen reglas de mercado que inclinan la balanza a favor de Repsol y en contra de Argentina” y no dudó en afirmar que el acuerdo forma parte del “giro directo a la ortodoxia” por parte del equipo económico de la Casa Rosada.

A su juicio, este “giro a la ortodoxia” incluye la “devaluación, aumentos salariales por debajo de la inflación, renegociación de una deuda dictatorial como la deuda del Club de París, tarizafos y vuelta al Fondo (Monetario Internacional)”.

“Estamos votando un premio para una empresa que dilapidó los recursos energéticos (…) se vuelve a ratificar que las empresas extranjeras vienen y se van ganando de la Argentina”, reforzó Lozano.

Además, el diputado porteño afirmó que en el convenio “está subvaluado el daño ambiental (que hizo Repsol)” y tampoco se “toman en cuentan las contingencias en materia judicial”.

“Estamos haciendo una discusión de carácter bilateral con una empresa a la que deberíamos haber acusado por saqueo y vaciamiento y encima nos pone el precio como si fuera un acreedor neutral”, agregó.

En este marco, Lozano sostuvo que “no se arriba al acuerdo por casualidad” sino “porque este Gobierno nunca hizo lo que había que hacer para fortalecer la capacidad de negociación nacional, más allá de la retórica discursiva”.

Y más adelante, aseguró que “el Gobierno ha sido cómplice del vaciamiento de YPF y de la depredación de los recursos energéticos de Argentina” y apuntó directamente contra el ministro de Planificación, Julio De Vido.

“Es tan mala como la decisión de privatizar YPF”, concluyó.

REPSOL: Solución amigable u Ortodoxia Noventista

Por Mesa Ejecutivo de la UP CABA

La aprobación del supuesto convenio de “solución amigable” con Repsol, respecto a la compensación por la expropiación del 51% de sus acciones debe ser enmarcado en el giro ortodoxo que ejecuta el gobierno: fuerte devaluación, ajuste salarial por debajo de la inflación, arreglo con el Club de Paris, pagos de sentencias en el CIADI, dura ortodoxia monetaria y tarifazos.

Un giro que intenta, ante la imperiosa necesidad de recomposición de reservas, la vuelta a los mercados internacionales via nuevo endeudamiento. Recibiendo para esta hoja de ruta el beneplácito del FMI por “las correcciones que en política económica lleva adelante”.

Sólo así puede entenderse el omnimoso acuerdo indemnizatorio reconocido a Repsol que constituye un paso más en la pérdida de soberanía energética. El Gobierno Nacional lejos de transformar la recuperación del 51% de las acciones en manos de la petrolera española en un camino para recuperar el manejo de la renta hidrocarburíferas, modificar el marco regulatorio y diversificar la matriz energética, ha inmolado el discurso de la soberanía energética en el marco de una “asociación boba” de la petrolera estatal con las trasnacionales, dándole continuidad al camino reflejado en el acuerdo Chevron. Debe recordarse que una de las razones que se esgrimieron para la aprobación de este convenio es que el mismo abría la puerta a la lluvia de inversiones que se necesitan para desarrollar los recursos no convencionales de Vaca Muerta.

Se termina reconociendo una compensación millonaria a Repsol, abandonando la elemental tarea de realizar una auditoria de activos completa capaz de reflejar el manejo político-institucional y económico-financiero de la empresa. Auditoria que hubiera podido reflejar el vaciamiento llevada a cabo en especial durante el periódo de “argentinización” piloredo por el grupo Ezkenazi desde el 2008, y que redundó no solo en una compleja trama de venta de activos, sino que vía remisión de utilidades durante 2l período 2008-2010 se remitieron el 140% de las mismas. Se resigno además poner bajo la lupa la política depredatoria del recurso que llevo adelante la petrolera ya que pasamos de un horizonte de reservas de 30 años para el gas y 28 para petroleo, a un cuadro de estancamiento estructural de reposición de las mismas, con un horizonte de 8 años para petróleo y 9 para gas.

Así mismo no se encaró una completa auditoría de los pasivos ambientales que la explotación hidrocarburíferas dejo, incluyendo el avasallamiento de derechos y tierras de comunicase originarias, desistiendo de llevar adelante los reclamos por resarcimiento y quedando en cabeza del Estado las reparaciones a que hubiera lugar.

A pesar de todo esto se compensa a Repsol  en un acuerdo que equivale a que Argentina emita deuda, que desde los U$D 5000 millones que se anuncian de la mano de omisiones, entrega de bonos que ya han capitalizado interés y tasas fuera de lo razonable para el mundo de hoy puede llegar a los U$D 8.300 millones. Lo que se oculta es que esta “solución amigable” esconde una compensación que alcanza al valor del 51% las acciones estatizadas durante el año previo a la misma. Parece ser que la célebre frase del ministro Kicillof de que solo a unos “tarados” podía ocurrirseles pagar lo que Repsol pedía es otro de los tantos principios que se cayeron en el giro ortodoxo.

Solo desde la decisión oficial de abrazarse a la ortodoxia noventista puede  entenderse que se premie el vaciamiento y el daño ambiental manteniendo inalterables las políticas hidrocarburíferas de la década del 90.